Teko Broadcast fabrica transmisores de radio FM producidos al 100% en Italia, en una gama que abarca desde los 30 watts hasta los 80.000 watts.
Daniel Pometti, CEO de la compañía, tiene una estrategia clara no negociable: todo el proceso debe realizarse en Italia. Solo así, explica, es posible garantizar equipos duraderos, eficientes y construidos para durar décadas.
“Yo diseño personalmente los transmisores y superviso cada etapa de producción. No fabricamos nada en China, como hacen muchas empresas para reducir costos. Esto es fundamental para mantener el control de la cadena productiva, del inicio hasta el final”, puntializa Pometti.
El compromiso con la producción local es uno de los sellos distintivos de la marca. “Utilizamos materiales italianos (siempre que sea posible) y ensamblamos las placas electrónicas en Bolonia, en la misma región donde opera la compañía”, añade.
Si bien los modelos de 1.000 y 2.000 watts siguen siendo de los más vendidos, la demanda evoluciona con el mercado. Por ejemplo, la pandemia de COVID-19 impulsó el regreso de los autocines y generó un pico de ventas de equipos de baja potencia. Superada la pandemia, el mercado retomó su orientación hacia altas potencias: hoy el transmisor de 5.000 watts ocupa el lugar que antes tenía el de 1.000, superando ampliamente en demanda a los modelos de 300 o 500 watts.
Frente a la expansión de plataformas como IBOC, DRM, DAB, Spotify o los podcasts, Pometti reconoce que adaptarse a los cambios es necesario, pero sostiene que la radio FM, lejos de retroceder, reafirma su valor. Y lo hace con una ventaja que ningún sistema digital puede igualar: la confiabilidad y la alta fidelidad.
Las transmisiones digitales tienen un talón de Aquiles: su fragilidad. Para que el mensaje llegue al oyente, toda una cadena de infraestructura debe funcionar de forma simultánea y perfecta, exigiendo además un alto nivel de competencia técnica. Basta que falle un eslabón, servidores, internet, una dirección IP mal configurada, para que la comunicación colapse; sin hablar de que, en caso de especial éxito de la transmisión, cuando aumentan los oyentes, los servidores colapsan exactamente cuando más se necesitan.
El apagón general que sufrió España recientemente lo demostró: mientras los sistemas digitales quedaban inutilizados, una simple radio a pilas seguía transmitiendo información vital. “En los momentos críticos, es el único medio que no falla”, afirma Pometti.
A esto se suma otro punto débil del digital: la degradación irreversible de la calidad del audio. Durante décadas, los ingenieros trabajaron para lograr la mayor fidelidad posible; se había llegado a niveles insuperables, y entonces nació el MP3, cuya filosofía es la antítesis: no reproducir igual, sino algo parecido pero ocupando poco espacio. Para lograrlo, la señal se digitaliza, se descompone en bandas de frecuencia, se elimina lo que estadísticamente el oído humano presumiblemente no percibirá, y cada banda resultante se comprime individualmente. En la reproducción, el decoder reconstruye la señal invirtiendo el proceso, pero la pérdida es irreversible. Y la condena del digital es esta: para transmitir por cualquier canal, siempre hay que comprimir, con algoritmos distintos pero con la misma filosofía: sacrificar fidelidad en favor de eficiencia.
Y lo verdaderamente destructivo es que este proceso no ocurre una sola vez: se repite en cada etapa de la cadena, acumulando distorsión. La señal se comprime para almacenarse en disco, se descomprime en la consola, un procesador de audio la vuelve a digitalizar, pasa por un compresor y un ecualizador y se convierte de nuevo en analógico. El enlace IP la digitaliza y la comprime de nuevo para reducir el bitrate, el receptor la descomprime y la convierte a analógico.
A este punto, si se transmite en IBOC, DRM o DAB, el transmisor la digitaliza y comprime una vez más para que quepa en el espectro asignado.
“¿Cuántas veces se digitalizó, comprimió y descomprimió la señal desde que el técnico de sonido terminó su trabajo? Muchas. ¿Reconocería su trabajo ese técnico en una radio digital? Probablemente le costaría. Eso es lo que el digital llama progreso: destruir la fidelidad para construir algo que ocupa poco espacio”, afirma Pometti.
“La radio FM, transmite la señal tal como es, sin algoritmos, sin compresión, sin decisiones matemáticas sobre lo que el oyente merece escuchar, la radio te acompaña, no es como elegir una canción en una app, es humana, es una amiga”, concluye Pometti, “en un mercado que busca autenticidad, la radio demuestra que la simplicidad tecnológica no es una limitación, sino una fortaleza.
Con una visión clara, Teko Broadcast sigue apostando por la innovación técnica sin perder de vista sus raíces: mantener la producción en Italia, maximizar la calidad y confiar en la radio como herramienta vigente y potente para conectar con las audiencias.
@Newsline Report 2026