Reserva Films atraviesa una etapa importante en el cine independiente mexicano. Con una trayectoria de 12 años y un recorrido respaldado por selecciones y reconocimientos en festivales nacionales e internacionales, la productora prepara ahora Retrato de una obsesión, un cortometraje de horror cósmico y body horror que marca el regreso de Hugo Stiglitz a un papel protagónico.
La cinta, codirigida por Fabio Colonna y Luis Quijano y producida por Arantza Suárez, comenzó a desarrollarse en 2022 como un largometraje, pero las características del género y las dimensiones de la producción dificultaron encontrar una vía de financiamiento, hasta que finalmente la oportunidad de integrarse a una reconocida antología mexicana de terror permitió transformar el proyecto en un cortometraje y llevarlo a producción.
“Originalmente iba a ser una película, un largometraje, el cual empecé a escribir en 2022. Sin embargo, es una película bastante ambiciosa y, al ser una pieza de horror cósmico, es un género que no es tan atractivo para productores comerciales”, explicó Colonna en una entrevista con Newsline Report.
Una historia que conecta con la vejez
La trama sigue a don Claudio, un hombre de la tercera edad que vive solo en un rancho y lleva una vida autónoma y autosuficiente. Su rutina cambia cuando un meteorito cae en su propiedad con un parásito cósmico en su interior. A partir de entonces, el organismo comienza a infectarlo, provocándole alucinaciones y una progresiva distorsión de su realidad.
La historia toma como referencias El color que cayó del cielo, de H. P. Lovecraft, y el universo gráfico del manga de Junji Ito llamado Shiver, particularmente su exploración de la transformación corporal y lo inquietante.
Retrato de una obsesión utiliza estos para abordar temas más cercanos a la experiencia humana, como la vejez, la soledad y el deterioro de la percepción.
“Es una metáfora acerca de la vejez, del Alzheimer y de la soledad también”, señala Fabio Colonna.
Hugo Stiglitz, protagonista y parte del proceso creativo
La incorporación de Hugo Stiglitz al proyecto comenzó mucho antes del rodaje. Colonna conoció al actor en 2022 y, desde entonces, ambos comenzaron a trabajar alrededor de distintas ideas hasta encontrar en Retrato de una obsesión el proyecto adecuado.
Stiglitz ya conocía el trabajo de Colonna a partir de Hemlich, cortometraje que obtuvo el premio a Mejor Cortometraje en el Festival de Sitges, uno de los encuentros internacionales más relevantes para el cine fantástico y de género.
El actor se involucró desde las primeras etapas de escritura. Colonna recuerda que leyó distintas versiones del guion y aportó comentarios durante el proceso de desarrollo.
“Fue como una especie de tutor y alguien muy generoso que siempre estuvo al pie del proyecto. Desde el primer momento él estaba ya arriba”, explicó.
Uno de los elementos que convenció especialmente a Stiglitz fue la dimensión visual de la historia. Entre las referencias utilizadas por Colonna se encuentra Shiver.
“Cuando le mostré sobre todo el manga a Hugo, le entusiasmó mucho porque trata de un escarabajo que infecta a las personas y les empiezan a salir hoyos en todo el cuerpo. La parte visual lo entusiasmó mucho y se sumó”, relató el director.
El rodaje implicó además un reto particular: Stiglitz sostiene prácticamente toda la película en pantalla. Con 85 años y una experiencia actoral de alrededor de seis décadas, permitió construir el personaje desde una perspectiva muy precisa, pero también obligó a adaptar la producción a sus condiciones físicas.
“Él tiene una mentalidad muy intrépida, pero su cuerpo ya no. Entonces, sí era como adaptar toda la producción para que estuviera Hugo bien, porque además no hay otros personajes”, explicó Colonna.
Para el cineasta, trabajar junto al actor representó también una oportunidad de aprendizaje. Uno de los consejos que más influyeron en el planteamiento visual de la película fue una frase que Stiglitz recibió en su trayectoria de parte del cinefotógrafo Gabriel Figueroa: “Siempre busca la luz. Las luces están puestas para ti. Dirígete con las luces”.
La recomendación terminó convirtiéndose en parte del lenguaje visual de Retrato de una obsesión. Las luces no solo funcionan como herramienta de iluminación, sino como un elemento narrativo que acompaña la transformación psicológica del protagonista.
Una apuesta por los efectos prácticos
En un momento en el que el CGI, la inteligencia artificial y otras herramientas digitales amplían las posibilidades de producción, Retrato de una obsesión tomó deliberadamente el camino contrario.
Colonna asegura que no existe una postura contraria a estas tecnologías. De hecho, reconoce que pueden facilitar la realización de proyectos con presupuestos limitados. Sin embargo, junto con Quijano y Suárez decidió que la película requería una aproximación más cercana al cine fantástico de décadas anteriores.
“No estoy peleado con la IA o con el CGI. Son herramientas fantásticas que nos pueden ayudar a plasmar de forma más práctica y económica las visiones de diferentes cineastas. Sin embargo, con Retrato de una obsesión la aproximación que le dimos fue diferente”, explicó.
La producción optó por efectos completamente prácticos, desde prótesis y maquillaje hasta la construcción de elementos físicos que pudieran convivir con el actor y la cámara.
Uno de los mayores desafíos fue la construcción de un meteorito de casi tres metros. El equipo también realizó una réplica de Hugo para determinadas secuencias y trabajó con prótesis y maquillaje para construir la transformación corporal del personaje.
“Después de muchas discusiones y de mucho diálogo tomamos la opción de que todo fuera 100% práctico”, detalló Colonna.
Esta decisión también condicionó la fotografía. La cámara, la iluminación y la puesta en escena tuvieron que diseñarse para que los efectos físicos resultaran convincentes dentro del encuadre y no rompieran la atmósfera de la historia.
La propuesta visual recupera además elementos del giallo italiano de los años setenta, particularmente el uso expresivo de luces de colores. A partir de la llegada del meteorito, los verdes, rojos, amarillos y otros tonos adquieren una función narrativa para representar la alteración de la percepción del protagonista.
Del corrido a las frecuencias cósmicas
La música también fue concebida como parte fundamental de la transformación que atraviesa el personaje.
La composición está a cargo de Odilón Chávez, director de orquesta de Los Ángeles Azules y colaborador habitual de Colonna. Al tratarse de una película sin diálogos y prácticamente sostenida por un único personaje, la música adquiere una función narrativa central.
El recorrido sonoro comienza con una identidad marcadamente mexicana. Durante las escenas en las que se presenta la vida cotidiana del protagonista en el rancho, aparece un corrido instrumental que acompaña actividades como montar a caballo o preparar barbacoa.
Después de la llegada del meteorito, la propuesta sonora cambia progresivamente.
“Como al final de cuentas la historia trata de este acercamiento a lo desconocido, de pasar de lo humano a lo cósmico, la música también se planteó desde ese lado”, explica Colonna.
La composición abandona entonces las estructuras musicales convencionales para incorporar frecuencias y sonidos más abstractos, con el objetivo de representar aquello que deja de pertenecer al mundo humano.
El desafío de hacer cine de género en México
Para Colonna, el momento actual resulta favorable para el cine de terror, aunque todavía existen barreras dentro de la industria mexicana.
El director considera que el éxito comercial del género ha generado interés entre las grandes productoras, pero también identifica una tendencia a apostar por fórmulas conocidas.
“Cuando hablan de terror, claro que están interesados porque ven que el terror genera números, genera dinero. Pero todavía están muy viciados a que tienen que hacer la película del exorcismo o la película del terror sobrenatural de la casa embrujada”, señala.
En contraste, el acceso de las audiencias a una oferta internacional cada vez más amplia, principalmente a través de las plataformas de streaming, ha permitido que exista una mayor apertura hacia propuestas que se alejan de las convenciones tradicionales.
Colonna menciona como ejemplos La sustancia y Huesera, además de otras producciones recientes de horror corporal y folclórico que han demostrado que existe espacio para narrativas distintas.
“Hace tres o cuatro años era como ‘nada de esto’. Por ejemplo, Retrato de una obsesión lo estuvimos moviendo como película. La fui a presentar a grandes productoras y era: ‘No, no nos interesa el horror cósmico, no vend”.
Para el cineasta, el reto está en encontrar un equilibrio entre las necesidades comerciales y la identidad de los creadores, sin construir películas únicamente a partir de tendencias.
“Lo importante es no hacer películas solo por caer en estándares que son los que se piden. Tal vez es el camino más fácil, pero al final son películas que no van a trascender, a diferencia de si haces algo desde la honestidad, que tal vez sea algo que no sea tan comercial, pero acaba teniendo mayor impacto”.
Financiamiento, el principal reto del cine independiente
La experiencia de Reserva Films también refleja uno de los principales desafíos para las productoras independientes mexicanas: conseguir financiamiento y alcanzar una estructura económica sostenible.
A lo largo de 12 años, la compañía ha desarrollado proyectos de ficción, segmentos para producciones de mayor escala y trabajos comerciales, al mismo tiempo que mantiene una línea de producción independiente.
Colonna reconoce que, incluso con premios y presencia en festivales, la productora continúa enfrentando dificultades para financiar nuevos proyectos y establecer una operación económicamente sustentable sin depender de trabajos comerciales.
“La distribución siempre tiene manera. Yo me he encargado mucho de la distribución en festivales. Pero encontrar esta parte de poder tener una sustentabilidad económica a través de una casa productora independiente sin tener que depender de los comerciales o de videos corporativos es complicado”.
Festivales y nuevos proyectos
La circulación en festivales se ha convertido en otra pieza fundamental para el crecimiento de Reserva Films. La productora gestiona directamente buena parte de la distribución de sus proyectos, identificando los encuentros adecuados para cada película y enviando las obras a diferentes circuitos nacionales e internacionales.
Aunque los rechazos forman parte del proceso, Colonna considera que la presencia en festivales resulta especialmente relevante para el cine independiente.
“El hecho de ganar un premio o de poder formar parte de una selección oficial permite mucho que se vea que se está haciendo el trabajo”, explica.
Entre los trabajos recientes de Reserva Films se encuentra Un mes, que obtuvo los premios a Mejor Cortometraje Mexicano y Mejor Actriz en el Paquimé Film Festival, mientras Sutura, K.O. – Malcriada y Unheimlich continúan su recorrido por festivales.
El siguiente paso será Retrato de una obsesión, que tiene previsto estar listo durante el primer semestre de 2027 y cuya incorporación a la antología mexicana de terror será anunciada oficialmente cuando el proyecto pueda ser revelado.
Pero la productora ya tiene la mirada puesta en un desafío todavía mayor: Me gusta más crudo, su ópera prima, actualmente en etapa de posproducción.
La película se adentra en el cine extremo y aborda el canibalismo desde una perspectiva vinculada con las diferencias de clase, llevando al extremo la idea de que las clases privilegiadas literalmente devoran a las menos favorecidas.
“Es una película muy violenta, muy gore. Es acerca del canibalismo y de las clases sociales altas, las cuales se devoran a las clases sociales bajas”, adelantó Colonna.