
Con más de 20 años de experiencia, ha participado en más de 50 largometrajes, como Mírame, y ha escrito para televisión en programas reconocidos como Lo que callamos las mujeres y A cada quien su santo.
“Han crecido los espacios, sobre todo para quienes se han desplazado fuera del país, logrando desarrollar una carrera en España y, principalmente, en Estados Unidos”, comenta. Sin embargo, añade: “A pesar de ocupar puestos como CEO, Head o SVP, la realidad es que, en muchas ocasiones, el margen para tomar decisiones o impulsar planes propios es limitado. El poder de influir, en muchos casos, resulta más factible desde un puesto de segundo a bordo de un ejecutivo hombre”.
En México, identifica avances claros, particularmente en la dirección, donde cada vez más mujeres encuentran oportunidades tanto en plataformas como en televisión abierta y streaming. A la par, muchas han optado por generar sus propios espacios y levantar proyectos independientes, en una lógica que combina creatividad con autogestión.
Su propia trayectoria refleja esa tensión entre mérito y estructura. Reconoce que las oportunidades para crecer han llegado de la mano de líderes que valoran los resultados por encima del género, pero también subraya que su consolidación ha sido producto de años de trabajo en distintas áreas y empresas. A ello se suma la formación internacional y el dominio de otros idiomas, factores que ampliaron su campo de acción.
“En mi caso concreto, por una situación personal, he tenido que dejar pasar oportunidades. Algunas de ellas fueron tomadas por otras candidatas, afortunadamente”.
En el escenario actual, observa una paradoja persistente: “Por un lado, cada vez se valoran más los resultados; y, por otro —perdón por decirlo así—, laboralmente seguimos costando menos. Es un tema complejo”.
Sobre el significado del Día Internacional de la Mujer dentro del sector, mantiene una postura crítica: “Es un reconocimiento que, por lo general, nos damos nosotras mismas o que responde a cierta conveniencia política. Una cosa es la imagen corporativa y otra lo que realmente ocurre internamente. Y no solo hablo de salarios: hay empresas que, por ejemplo, no contratan madres”.
Aun así, también reconoce espacios donde el cambio se materializa. En su entorno laboral, la mitad del equipo está conformado por mujeres en distintos niveles, en un ambiente donde —asegura— existe respeto y se valora su aportación.
En ese equilibrio entre avances tangibles y desigualdades persistentes, la visión de Ángeles Franco marca una línea que atraviesa a toda la industria: el crecimiento de la presencia femenina no siempre se traduce en poder de decisión.
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